Desvalorización de la labor docente (1 de 3)

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Jueves 8 de octubre, 2015

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En el último periodo –quizá a partir de que comenzó a cocinarse tanto en Los Pinos como en las altas esferas empresariales la más reciente Reforma Educativa (RE)- se intensificó la andanada gubernamental, mediática y corporativa en contra de los trabajadores y las trabajadoras de la educación. Un par de años bastaron para que los términos peyorativos, las descalificaciones y el descrédito asociado a la labor docente se volvieran un lugar común.

Sin embargo, éste lamentablemente fenómeno no es aislado, nuevo o focalizado; si bien se ha hecho mucho más visible en el presente, numerosos investigadores han señalado desde hace décadas esta situación, que bajo distintos nombres, perspectivas y particularidades -sea como malestar docente, desvalorización de la profesión o vergüenza social del maestro-, se vive en numerosas latitudes.

Considerando que la plantilla docente en el país es de más de un millón 900 mil personas, que no es una profesión que se elija o ejerza por su elevada retribución salarial y que el profesor es uno de los factores más importantes del proceso educativo, pareciera indispensable abordar esta problemática.

Para comprender lo anterior habría que comenzar por definir los términos arriba mencionados, contextualizar las circunstancias en las que se ha desarrollado, ubicar a los principales actores y finalmente invitar al análisis y la revalorización de dicha profesión. Esta reflexión, a modo de ensayo, pretende –breve y someramente- analizar estos tres factores, aterrizándolos en las condiciones en las que actualmente desempeña su labor el docente mexicano.

Iniciemos entonces por las definiciones y algunos de sus exponentes:

De acuerdo a la Real Academia Española (RAE) el término desvalorización es la acción de quitar valor, consideración o prestigio a alguien o algo; algunos de sus sinónimos –según otras enciclopedias- son abaratar, depreciar, desmerecer, devaluar, menguar, rebajar, infravalorar, minusvalorar y subestimar.

En el caso de la profesión docente esta desvalorización se vive en diversas dimensiones, desde las limitantes histórico-sociales que circunscriben su desempeño (Becerril Calderón), hasta en la percepción, y el reconocimiento y autoreconocimiento social.

“Actualmente el profesorado percibe desvalorización de la profesión docente por parte de la autoridad, de padres y apoderados y de la sociedad en general. Su minusvalía se refleja, entre otros hechos, en el menoscabo de su imagen, distorsionada desde los ambiguos marcos jurídicos que lo rigen y, también, por ciertos estereotipos distorsionantes transmitidos por algunos medios de comunicación masiva.” (Colegio de profesores de Chile, 1997).[i]

Jacqueline Gysling se introduce más aún en el tema señalando que el deterioro de la estabilidad laboral y de los procesos de formación docente son fundamentales para entender esta desvalorización; ello aunado a la sobrecarga de trabajo, la fatiga laboral, las enfermedades relacionadas con sus quehaceres, la invasión de sus espacios personales, las deprimentes condiciones en las que se desenvuelve, la baja remuneración, la presión social, las evaluaciones y el continuo descrédito, han terminado por lesionar considerablemente la autoimagen y la imagen social del profesorado.

Por otra parte, el malestar docente -entendido como incomodidad, desazón, inquietud y pesadumbre-, es reconocido como la problemática que experimentan colectivamente los profesionales de la educación en el desempeño de sus labores. Es importante recalcar que este sentimiento de frustración no es individual, sino que se presenta de forma grupal, ya sea por medio de manifestaciones físicas (enfermedades de la voz, contracturas, etc.) o psicológicas (depresión, angustia, ataques de pánico, etc.).

Al respecto, Emilio Tenti Fanfani señala que las transformaciones del sistema escolar, los constantes cambios culturales, la masificación de la educación y la exclusión social son algunos de los elementos que contribuyen a esta desazón, ya que no sólo la afectan, sino que también se convierten en un desafío permanente para el trabajador de la educación.

A ello habría que agregar la creciente violencia y la manera en que ésta se a naturalizado en todas las esferas de nuestra vida, así como el imaginario social que permea respecto a la docencia, que lejos de comprender la profesión y las complejidades que entraña, le atribuye o delega responsabilidades que no le corresponden.

Finalmente está la vergüenza social del maestro (deshonra, humillación, bochorno); éste término, aunque muy reciente y cuyo significado continúa en proceso de construcción, hace referencia a la categoría emocional colectiva que está social y culturalmente determinada, directamente relacionada con la invisibilidad, el menosprecio, la desconfianza y la denigración social que sufre el maestro.

Esta forma de humillación atenta contra la estima y el estatus social del docente, poniendo en tela de juicio el ejercicio de la profesión, no en contra de sus conocimientos, su ética o su desempeño personal.

Como hemos podido observar estas tres clasificaciones, similares e íntimamente relacionadas, cobran particular relevancia si se consideran las consecuencias que acarrean tanto para la plantilla docente como para la labor que desarrollan (sobra decir que el trato con los estudiantes va implícito en ello).

Hasta este punto las tres categorías nos han servido para acercarnos a la desvalorización docente, en la segunda entrega profundizaremos en las condiciones económicas, políticas y sociales en las que han florecido.

[i] Informe final del Primer Congreso Nacional de Educación. Colegio de Profesores de Chile. 1997.

Mensaje del Maestro Juan Díaz de la Torre

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Mensaje del Maestro Juan Díaz de la Torre

En el SNTE conocemos la envergadura de los cambios necesarios y la complejidad, responsabilidad y singularidad de nuestra época. Un nuevo paradigma para un nuevo sindicato que hace del conocimiento la garantía más sólida de sus propuestas. Parafraseo a Octavio Paz para afirmar que no se trata sólo de maravillarnos del progreso ni de recrear los fantasmas de la técnica. Se trata de habitar la vida de los trabajadores de la educación con la generación de estudios y reflexiones que aporten más ser, más certidumbre y fortaleza a un quehacer cotidiano sustentado en el compromiso que tenemos con México, con sus niñas y sus niños, con sus jóvenes, con sus madres y padres de familia.

El Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América (IEESA) es también una evidencia del compromiso permanente que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tiene con la mejora de la calidad de la educación pública, la labor profesional de los trabajadores de la educación y el derecho a desarrollar un nuevo paradigma sindical alrededor del mundo, en el continente americano y particularmente en México.

Vivimos tiempos en los que la divisa más valiosa es el conocimiento, por ello tenemos claro que acompañar la defensa y reivindicación de los derechos de los trabajadores de la educación con evidencias y datos duros que aportan las investigaciones, es hoy por hoy un imperativo de una forma de forjar un sindicalismo moderno, eficaz y eficiente en un mundo cada vez más complejo, diverso, cambiante y turbulento.

Lo sabemos todos, no existe y ello incluso es deseable, ninguna intención de hacer uniformidades en donde la diversidad deviene en el enriquecimiento de las propuestas. La construcción de líneas de investigación corre sobre ese principio fundamental.

El IEESA es un espacio para reflexionar acerca del entorno en el que se desenvuelve el profesional docente siempre teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeña en su comunidad, así como sus múltiples interacciones dentro y fuera de la escuela. Por esto, una de las tareas del Instituto es la creación de conocimiento a través de investigaciones que buscan reflejar la realidad del trabajo educativo vista desde diversas perspectivas y en diferentes entornos, siguiendo de cerca y con diferentes métodos y técnicas el día a día y las condiciones reales que el docente enfrenta.

Investigaciones, reflexiones y generación de conocimiento por trabajadores de la educación para trabajadores de la educación, para investigadores, académicos y estudiosos. Transparente, de cara a la sociedad, con el orgullo de trabajar por una educación al servicio del pueblo.

Finalmente señalar que en el SNTE hemos considerado oportuno ratificar la voluntad de que el IEESA se mantenga como miembro de la Confederación de Educadores Americanos (CEA), espacio privilegiado para generar un rico intercambio de experiencias y conocimientos no sólo en el ámbito educativo, también en la vida sindical y la defensa del quehacer docente en nuestro continente.

Presidente del Consejo General Sindical para el fotalecimiento de la Educación Pública